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Contra el viento. El blog de Ignacio Alvo

Venezuela: Una esperanza para la libertad

Venezuela: Una esperanza para la libertad

El resultado este  domingo de las votaciones en Venezuela ha sido una sorpresa –muy agradable- para mí.

 

Tuve ocasión de viajar a Venezuela por trabajo un par de veces hace algo más de diez años y lo que ví no me gustó. Venezuela es un país increíblemente rico: tiene petróleo, oro, aluminio, pesca y una situación geográfica envidiable, pero eso –más que una bendición- ha sido una maldición para los venezolanos. Los distintos gobiernos que ha tenido Venezuela han utilizado las riquezas del país para enriquecerse ellos mismos y para comprar voluntades y así los venezolanos se han acostumbrado a  que sea el Estado el que les tenga que dar todo.

 

Cuando visité Venezuela, los síntomas de esta corrupción moral estaban por todas partes. Cuando uno se alejaba del centro de Caracas y se internaba por los distritos más pobres que rodean la capital, veía sobre la cabeza una red de cables que asemejaban una tela de araña: eran conexiones piratas que cada vecino se tomaba de la red principal. De este modo todo el mundo tenía la electricidad gratis y ningún inspector se atrevía a intervenir. La gasolina estaba subvencionada y el litro se pagaba a 5 céntimos de euro. Cuando un gobierno intentó subir el precio a 8 céntimos para que, por lo menos, cubriera los costes de extracción, le montaron una revuelta y el gobierno dio marcha atrás. En una visita al puerto de la Guaira, me explicaron que allí los sindicatos de estibadores tenían el “derecho de vistas”. Esto significa que los sindicalistas eran los únicos autorizados a descargar los barcos y si una empresa quería utilizar a otras personas para la descarga, podían hacerlo, pero debían pagar el sueldo de los sindicalistas que hubieran debido hacerlo. Estos, a su vez, tenían el derecho a presenciar cómo se hacía la descarga –el derecho de vistas-. Normalmente compensaba que el trabajo lo hiciera tu propia gente y pagar dos sueldos, porque se hacía mucho más rápido.

 

El camino que ha iniciado Chávez en Venezuela no es, por tanto, una ruptura sino una evolución de lo que ya ocurría en el país. Igual que en la Alemania que nos describe Hayek en “Camino de servidumbre”, aquí las ideas liberales habían desaparecido hace mucho tiempo y eran las socialistas las que triunfaban. Y del mismo modo que sólo fue cuestión de tiempo que en Alemania apareciera Hitler para avanzar más en el socialismo –en su caso nacionalsocialismo-, también fue cuestión de tiempo que apareciera Chávez en esa misma línea con su socialismo bolivariano.

 

Sin embargo, este domingo los venezolanos han demostrado que aún queda esperanza. A pesar de que apenas quedan medios de comunicación libres, a pesar de las voluntades compradas con el petróleo, a pesar de que los opositores se enfrentan a la amenaza de cárcel, o incluso la muerte a manos de los matones de Chávez. A pesar de todo, Venezuela le ha dicho ¡No! al dictador. Y han sido los estudiantes los que se han rebelado contra la dictadura. El camino hacia la libertad no es fácil, pero aún hay esperanza.

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