Un programa para el Pleno Des-Empleo
Hace una semana leí un titular de periódico que me llamó la atención: “Ibeas destacó la necesidad de poner en marcha un plan de empleo rural para asentar población”. En un principio me costó creerlo “no puede ser -pensé- que la Chunta esté planteando montar un PER en Aragón, con el desastre que ha sido en Andalucía y Extremadura”. Pero sí, eso es exactamente lo que están proponiendo: quieren importar a Aragón el sistema que ha conseguido que en Andalucía y Extremadura se haya llegado al 30% de paro. Eso sí, después de leer entero su programa “un nuevo modelo económico desde la izquierda”, hay que agradecerles su coherencia: no engañan a nadie ni ponen una vela a Dios y otra al diablo. Es efectivamente un modelo de izquierdas, tirando a estalinista, donde proponen más impuestos, sobre todo ecológicos, más controles administrativos, más barreras y limitaciones a los empresarios, más barreras a la contratación, prohibir las empresas de colocación de empleo privadas y, como guinda, el PER. Por si todo esto no fuera suficiente, también proponen un impuesto de sociedades más elevado para las empresas más exitosas (así pagarán impuestos en vez de crecer y crear empleo), una fiscalidad aún mayor para las rentas más altas y recuperar el Impuesto sobre el Patrimonio. Medidas todas ellas que no sólo no detendrán el éxodo de los grandes empresarios de Aragón a Navarra, donde tienen enormes ventajas fiscales, sino que conseguirán que los medianos empresarios también se planteen si no les convendría empadronarse en Tudela. Conseguirán, sin duda, lo que seguramente anhelan: acabar con los empresarios en Aragón.
Después de leer su programa tengo claras dos cosas: la primera que ninguno de los que ha redactado ese programa tiene la más mínima idea de lo que es crear una empresa o un puesto de trabajo. Ninguno de ellos sabe ni ha conocido los esfuerzos personales y familiares que supone sacar una empresa adelante. Desde su atalaya de profesores universitarios de filosofía con sueldo de funcionario juegan a organizar nuevos modelos económicos, pero no entienden que sin empresarios no hay trabajo y sin empresas que tengan beneficios tampoco habrá trabajo. La segunda, que si la alternativa a un gobierno donde esté el PAR es un gobierno donde la CHA e IU dicten las medidas económicas, espero por el bien de Aragón y los aragoneses que jamás veamos ese tripartito.
La fuerza de Aragón, Trasvase y TCP
Estos días han aparecido en los medios algunas noticias que nos indican de forma bastante clara la importancia que Aragón tiene para PSOE y PP. La primera de estas noticias es el renovado empeño con que los dirigentes populares de Valencia y Murcia vuelven a exigir el trasvase del Ebro. En mi opinión, el trasvase no tiene ningún futuro. No sólo porque es algo totalmente irracional desde el punto de vista lógico, económico y de justicia, sino porque la situación de las arcas del Estado no está para tirar semejante cantidad de dinero en una obra cuya única rentabilidad es electoral. Lo llamativo en este caso es que teniendo el PP unas perspectivas de voto en el Levante de entre el 55 y el 60%, saque un tema que perjudica claramente a sus compañeros en Aragón, donde la situación está mucho más reñida. Y es aún más llamativo que el PP a nivel nacional consienta que se saque este tema. La conclusión sólo puede ser que el PP levantino pesa mucho más que el aragonés.
La segunda de las noticias es el apoyo que desde Fomento han dado al Eje Mediterráneo, con apoyo presupuestario y postergando nuevamente la Travesía Central del Pirineo. Aquí no ha importado que Marcelino Iglesias sea el teórico nº 3 del PSOE, y digo teórico porque todos sabemos que Rubalcaba, Chaves o Chacón pesan y mandan mucho más que Marcelino. Podrán decirnos que la TCP va más avanzada en Europa, pero Blanco ya ha prometido 52.000 millones para el Eje Mediterráneo y eso, el dinero en Presupuestos, es lo único que de verdad importa. Y aquí ha contado, como no podía ser de otro modo, con el apoyo de Camps y Valcárcel.
Ninguna de las dos noticias debería sorprendernos. En esta España asimétrica la fuerza de cada territorio depende de sus votos o de que tengan una fuerza propia que les defienda. Aragón con su escaso millón trescientos mil habitantes jamás tendrá fuerza por los votos, y confiar en que alguno de los grandes partidos nacionales se mueva por el sentido de la justicia en vez de por el cálculo electoral es de una ingenuidad casi conmovedora. La fuerza de Aragón sigue siendo el PAR con su capacidad de condicionar gobiernos en Aragón y si tuviera representación en el Congreso de Madrid con el mercadeo que siempre se da entre Gobierno de Madrid y partidos territoriales. Se me podrá argumentar que esa fuerza es escasa, y es cierto. Pero es la única que tenemos y de nosotros depende el peso que esta fuerza, la fuerza de Aragón, tenga. Después podremos lamentarnos, pero por favor, los que voten a PSOE o PP, que no se quejen después de que Aragón, o en general los territorios menos poblados, reciben un trato injusto.
La reclamación de los bienes: Merecían más.

La concentración de ayer en Zaragoza para reclamar que se ejecuten las sentencias de los tribunales y que los bienes de las parroquias aragonesas vuelvan, me dejó una sensación de tristeza. Habían venido hasta Zaragoza, a la Plaza del Pilar, esos cientos de aragoneses de Aragón Oriental con sus ilusiones y una justa demanda y se encontraron una plaza con muchos más huecos de los que se merecían. Ayer ni Zaragoza ni Aragón supo estar a la altura. Y si analizamos el comportamiento de los partidos, el resultado es todavía peor.
Desde el PAR recibí un sms para acudir a la concentración, pero es evidente que el partido no puso toda la carne en el asador. Si hubiera querido llevar a su gente de los pueblos, habría llenado la plaza, como hizo con la Plaza de toros o el Pabellón Príncipe Felipe hace cuatro años. Ví gente del PAR de distintas partes de la geografía aragonesa, como el anterior alcalde de Barbastro, Manuel Rodríguez Chesa, pero ningún autobús.
En cuanto a la CHA, fue casi peor. Llevaron poca gente, pero además intentaron instrumentalizar el acto, colocándose con banderas del partido cerca del escenario para salir en la foto, y además silbaron a la alcaldesa de Peralta de Alfocea del PP cuando esta habló.
En cuanto al PP, mi crítica sería la misma que para el PAR. Es evidente que no se movilizó, porque si lo hubiera hecho, la plaza se habría llenado.
Y, por último, el mayor esperpento fue el PSOE. Quiso estar sin estar. A última hora se sumó el alcalde de Tamarite de Litera, para que luego no pudieran decirles que no estuvieron. Pero el nivel de representación que envió el PSOE fue un auténtico menosprecio. Ni Presidente, ni Consejera de Presidencia, ni Alcalde de la ciudad que acoje a otros alcaldes hermanos. Las ausencias eran tan clamorosas que dolían. Una sensación, en resumen, triste. Porque los políticos han fallado, pero los ciudadanos tampoco hemos sabido estar a la altura necesaria para darle a esos alcaldes luchadores el calor que se merecen. Sin duda merecían y merecen más.
Como pollos sin cabeza
Esta es la sensación que el Gobierno ha dado durante las últimas semanas. Lo que decía el Presidente por la mañana lo cambiaba por la tarde, lo que decía la Vicepresidenta de Economía era invariablemente desmentido al poco tiempo y hasta lo publicado en el B.O.E. se corregía sin ningún sonrojo. Es difícil que un Gobierno pueda hacerlo peor.
Y, sin embargo, no estamos peor que hace un mes. Ahora, por lo menos, el Gobierno se ha enterado de que no puede seguir gastando sin límites y que es el propio Gobierno el principal obstáculo para la recuperación. Ahora bien, no ha sido el sentido de Estado o la responsabilidad de nuestros gobernantes los que han operado el milagro. Han sido los mercados (benditos, salvadores mercados) los que han motivado el cambio de rumbo del Gobierno. Y lo han hecho de un modo muy sencillo: negándose a comprar más deuda de este Gobierno porque tenían la duda razonable de si al vencimiento de la misma les iban a poder pagar. Por eso no es de extrañar el tremendo enfado del dialogante Zapatero contra los mercados. ¿Cómo se atreven a no creerle y a no comprar su deuda?. Todo el aparato de propaganda y subvenciones de este Gobierno se ha venido abajo por insostenible y Zapatero ha quedado al descubierto. Ahora intenta convencernos de que todo forma parte de un plan ideado desde el principio de la crisis (¿los 5 millones de parados también?), pero ya es tarde: todos hemos visto como su teatrillo se ha venido abajo.
Aun así, repito, estamos mejor que hace un mes. Es normal que cuando nos diagnostican un cáncer se nos venga el mundo encima, pero lo verdaderamente peligroso era la situación anterior. El cáncer estaba y el médico lo sabía, pero no quería decirlo ni tomar ninguna medida. Si ahora las medidas tienen que ser mucho más drásticas, habrá que pedir responsabilidades a ese médico irresponsable.
Respecto a las propias medidas, esa irresponsabilidad del Gobierno las ha convertido en más difíciles. Si el Gobierno no se hubiera embarcado en su desenfrenada espiral de gasto, ahora no habría hecho falta ni congelar las pensiones ni reducir el sueldo a los funcionarios. Y además el Gobierno sigue sin meter la tijera a sus juguetes preferidos: las subvenciones a sindicatos y actores, los Ministerios de Igualdad y Vivienda, Televisión Española, el PER (que, de hecho, ha sido aumentado), etc. Pero ahora por lo menos ya parece tener claro que hay que reducir el gasto público. Y esto no sólo no va a retrasar la recuperación, sino que va a permitir que se produzca. Si conseguimos que durante esta crisis se reduzca el tamaño del Estado, nos situaremos en condiciones de salir de verdad de la crisis creciendo y creando empleo.
Seguimos teniendo el peor Gobierno de Europa, pero ahora por lo menos, y aunque sea a trancas y a barrancas, vamos en la dirección adecuada. Esperemos que dure.
14 millones de euros por hora
Esta es la velocidad a la que crece el déficit público en España. Y para esto el Gobierno sí que se muestra incansable: de día o de noche, laborables o festivos, seguimos aumentando el déficit público a razón de 14 millones de euros por hora. Seguimos con el Ministerio de Igualdad, con el de Vivienda, con la Ayuda Exterior..., con todos los chiringuitos como si fuéramos ricos. Y Zapatero al frente del Titanic, pidiendo a la orquesta que no baje la música y que no falte la bebida y, sobre todo, que seamos optimistas.
Frente a toda esta sinrazón, la gran medida de austeridad del Gobierno ha consistido en una recolocación de altos cargos que llegará a ahorrar en el mejor de los casos...16 millones.
Tenemos un problema muy serio y el Gobierno no quiere enterarse. Todos los países en riesgo (los famosos PIGS, Grecia, Irlanda, Portugal y España) han tomado medidas. Todos... menos España. La alternativa no es ya si hay que tomar medidas o no. Es evidente que si el Gobierno no toma medidas, los inversores dejarán de confiar en España y dejarán de comprar las Letras del Tesoro, con lo que el Gobierno hará suspensión de pagos. La única alternativa ya es si se pueden tomar medidas pactadas y menos agresivas, como en el caso de Irlanda o Portugal, o si vamos a esperar sin hacer nada hasta llegar a la situación de Grecia.
Mañana el Presidente tiene una última oportunidad para demostrar si le importa algo este país, o si está mínimamente capacitado para ejercer su trabajo. Y tiene a todo el mundo observándole.
Impuestos y riqueza de los países
Durante los últimos días la decisión del Gobierno de subir el impuesto del IVA está generando una polémica muy interesante sobre la función de los impuestos y su justificación social. Así, por ejemplo escuché a Patxi López en Onda Cero (y a muchos miembros del Gobierno) que los países más ricos tienen impuestos más altos, y que si queremos tener un Estado del Bienestar como el que disfrutan esos países, también hay que subir los impuestos. En principio, el argumento parece irrefutable y basado en hechos demostrables (la riqueza de esos países y su nivel de impuestos), pero introduce alguna falacia que conviene descubrir.
La primera es que esos países no son ricos por tener un Estado grande e impuestos altos, sino que por el hecho de ser ricos han podido mantener un Estado caro. Si no nos damos cuenta de la diferencia pensaremos que cuanto más rico sea el Estado, más rico será el país, cuando el hecho es el inverso. Es el sector privado de un país el que crea la riqueza, y con esa riqueza se sostiene el Estado. Si se destruye el sector privado, se destruye la riqueza del país y, en último término, también al Estado y al Estado del Bienestar.
En segundo lugar, parece que la única solución a la situación actual de déficit del Gobierno sea subir los impuestos, y esto tampoco es cierto. Se argumenta que es el aumento de las prestaciones sociales por desempleo lo que está motivando el déficit. Sin embargo, de los 260.000 millones de euros que el Estado gastó en el 2.009, sólo 35.000 se dedicaron a las prestaciones por desempleo, y mientras el sector privado se reducía dramáticamente, el sector público ha seguido aumentando hasta hacerse insostenible. El camino para reducir el déficit de 115.000 millones de euros que el Gobierno ha generado en el 2.009 no está en subir los impuestos y seguir esquilmando al sector privado, sino en reducir el tamaño del Estado. Hay que eliminar Ministerios (Igualdad y Vivienda por inútiles y Cultura y Agricultura por estar transferidas todas sus competencias), Administraciones enteras (si tenemos las comarcas ¿qué sentido tiene seguir manteniendo las Diputaciones Provinciales?), privatizar las empresas y entes públicos (entre otros todas las televisiones), eliminar las subvenciones (a sindicatos, a empresarios, a partidos, a empresas, a amigos, etc.) y aplicar al Estado la misma austeridad que las empresas y familias han tenido que aplicar. Ese es el camino y la obligación de un gobernante que piense en su país y al que de verdad le duela ver a tantas personas en paro.
Pero me temo que a nuestro Presidente sólo le duele pensar que puede perder las próximas elecciones. Por eso no dedica sus esfuerzos a arreglar la situación sino a culpar a los demás por “no ayudarle”. ¿Ayudarle a qué?, ¿acaso ha propuesto alguna medida razonable de austeridad en los últimos dos años?
No es cierto que no se pueda salir de la situación actual: se puede salir y saldremos. Pero para hacerlo, este Gobierno tiene que tomar medidas difíciles, en vez de dedicarse a buscar chivos expiatorios. Por el camino que lleva el actual Gobierno, se ha convertido en parte del problema –quizás la mayor- y no de la solución.
A pesar del Gobierno…
Lo malo y peligroso de hacer un mal diagnóstico es que las medidas, puede que no sólo no ayuden al enfermo, sino que lo empeoren. Esto es lo que está ocurriendo en la actual crisis con nuestro Gobierno.
La crisis tiene unas causas muy claras y que se pueden ver en el libro del Dr. Carlos Rodríguez Braun y Juan Ramón Rallo, o en el que escribió hace 15 años el profesor Huerta de Soto. La política de bajos tipos de interés de los bancos centrales ha llevado a un endeudamiento masivo y a una sobreinversión en algunos sectores, principalmente el de la construcción, lo que ha puesto en peligro a todo el sistema bancario. Dicho de otro modo, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora nos toca apretarnos el cinturón hasta que se deshagan las malas inversiones y se recupere el ahorro que permita nuevas inversiones. No ha habido un problema de poca regulación o supervisión, como demuestra el hecho de que la primera entidad en caer ha sido una Caja, bajo control político.
Se necesita por tanto más ahorro, no más gasto. Mientras no aumente el ahorro, y los bancos recuperen su posición de solvencia, no podrán volver a prestar a empresas y particulares. Esto es no sólo evidente sino necesario. Los bancos harían mal si volvieran a prestar masivamente antes de consolidar su posición, ya que esto les situaría nuevamente en riesgo de quiebra.
La buena noticia es que tanto particulares como empresas están haciendo precisamente lo que más falta hace: recortar gastos y aumentar espectacularmente la tasa de ahorro.
La mala noticia es que el Gobierno está haciendo justo lo contrario: en vez de apretarse también el cinturón, recortar gastos e incentivar el ahorro, se ha lanzado a una carrera desenfrenada de gasto que pone en peligro la recuperación de la economía.
La política de endeudamiento y déficit que está llevando a cabo el Gobierno tiene más consecuencias negativas de lo que podría parecer a primera vista:
1º/ El aumento de la deuda significa aumento de impuestos (actuales o futuros) y el aumento de cargas impositivas supone aumento del paro en el sector privado.
2º/ El aumento de la deuda pública supone que el poco crédito que existe disponible se dirige a financiar la deuda del Gobierno, en lugar de financiar a empresas y particulares. Una parte importante de los problemas que tienen las empresas para financiarse en la actualidad proviene del hecho de que el Gobierno está acaparando ese crédito para financiar su propio gasto.
3º/ El aumento de déficit desanima a posibles inversores extranjeros. Si un Gobierno acumula déficit, deberá pagarlo en el futuro con aumento de impuestos. Cualquier inversor preferirá, por lo tanto, instalarse en un país sin déficit o con un déficit pequeño que en un país con un gran déficit.
Y lo peor, no es sólo lo mal que lo está haciendo, sino que todos los síntomas (desde la salida de Solbes del Gobierno, al último reparto de 11.000 millones a las Comunidades Autónomas) indican que va a perseverar en el error, garantizando no sólo que seamos el último país de la OCDE en salir de la crisis, sino poniendo incluso en peligro esa salida. Cuando salgamos de la crisis, lo habremos hecho con grandes sacrificios (nuestros, no del Gobierno), una enorme tasa de paro, y gracias a nuestro propio trabajo y esfuerzo. Lo habremos hecho... a pesar del Gobierno.
Encuestas y Pronósticos para las Elecciones Europeas
Cuando sólo faltan 4 días para las elecciones europeas ya no se pueden publicar encuestas, pero no hay nada que nos impida hacer nuestros propios pronósticos. Esta vez hay bastante unanimidad entre los profesionales y, salvo el CIS y el Instituto Noxa para La Vanguardia que han pronosticado una victoria ajustada del PSOE, el resto de encuestas pronostican una victoria del PP con un rango de uno a tres puntos. La horquilla para el PSOE sería de 21 a 22 escaños (más probable 21) y para el PP de 21 a 23 (más probable 23). En el resto de opciones parece haber consenso en que la Coalición por Europa (CiU+PNV) tendrá buenos resultados manteniendo sus 2 escaños, que IU se quedará en 1 (máximo 2), Europa de los Pueblos (ERC+BNG) tendrá 1, y UPyD también se estrenará con 1 escaño.
Lo que ya resulta bastante sorprendente es que parece que sólo 4 de cada 10 ciudadanos ejercerá su derecho al voto. Esto confiere a la movilización del propio electorado un valor crucial, ya que si del electorado de uno de los dos grandes partidos sólo vota la mitad, y el otro mantiene niveles de voto similares a las generales, se produciría una situación desconocida en nuestra democracia en que el ganador doblaría en votos al segundo partido. No creo que se llegue a dar esta circunstancia, pero estoy seguro de que al final la abstención no será tan alta y que la participación estará entre el 50 y el 55% del censo. Mi impresión es que esta participación va a ser asimétrica y va a favorecer al PP que tiene un electorado más fiel, por lo que mi pronóstico para estas elecciones es el siguiente:
PP: 24-25 diputados.
PSOE: 20-21 diputados.
CpE: 2 diputados.
IU: 1 diputado.
EdP: 1 diputado.
UPyD: 1 diputado.
Dado que este es un entretenimiento inocente, animo a otros lectores a hacer sus propios pronósticos y compararlos el lunes 8 con la realidad.
La -necesaria- reforma laboral
Estos días se está hablando bastante de reforma laboral gracias a la valentía del Gobernador del Banco de España, que no se ha callado como habría preferido el Gobierno que le nombró. Según parece, para el Gobierno en España no hay un problema de paro que exija tomar medidas estructurales y lo normal es resignarse a llegar a los 5 millones de parados y confiar en que el resto del mundo nos sacará en algún momento de la crisis. Tampoco la oposición parece muy entusiasmada con la reforma ya que sólo plantea que debería hacerse con el suficiente consenso, pero sin aclarar en qué debería consistir la reforma.
Lo que resulta evidente es que la economía española tiene su principal problema en el mercado laboral. Nuestra economía es incapaz de crear suficiente empleo en las épocas de expansión y lo destruye a gran velocidad en las recesiones. Para entender por qué, creo que conviene que nos comparemos con el resto de países de la eurozona. Entre estos, España es el segundo país en protección laboral, entendiendo por protección laboral los costes asociados al despido individual o colectivo y somos los primeros en paro y en empleo temporal, además de los terceros en economía sumergida (por detrás de Grecia e Italia).
Los costes altos de despido tienden a crear mercados duales. Por una parte, los trabajadores con muchos años en sus puestos de trabajo se vuelven intocables, y por otra los trabajadores que carecen de ese blindaje legal tienen empleos muy precarios, carecen de derechos y soportan los riesgos de despido. Los empresarios tienen en cuenta esta dualidad y evitan que los trabajadores consoliden sus derechos, eligiendo modalidades contractuales temporales y despidiendo a los trabajadores antes de que consoliden sus derechos. El resultado es de locos: los empresarios despiden a trabajadores a los que querrían seguir contratando y deben mantener a otros a los que no mantendrían. Al mismo tiempo, los trabajadores que han consolidado su situación, no se atreven a cambiar de trabajo –aunque no les guste- por miedo a perder sus derechos. Es una situación que repercute de forma especialmente negativa en los jóvenes y que afecta también a la productividad de toda la economía.
En el polo opuesto en cuanto a tasa de paro y empleo temporal se encuentran los países anglosajones por una parte y Dinamarca y Austria, por otra, con un modelo conocido como “flexiguridad”. En los países anglosajones prima la libertad de contratación y de despido, lo que hace que el mercado laboral sea mucho más dinámico y activo. En Austria y Dinamarca el planteamiento es distinto, pero consigue un resultado muy parecido. En estos países, la indemnización por despido no la paga el empresario sino el Estado. Esto hace que los empresarios no tengan miedo de contratar a trabajadores o convertirlos en fijos, ya que no recaerá sobre ellos el coste del despido. Por otra parte, si un trabajador no utiliza en su vida laboral la indemnización por despido, al final de esa vida laboral se le permite consolidarla para aumentar su pensión.
Es posible que la adopción inmediata de este sistema de flexiguridad resulte imposible, porque en un momento de dificultad como este muchas empresas aprovecharían esa facilidad para quitarse trabajadores y el Estado no podría ahora hacerse cargo de ese coste, pero creo que un proceso gradual en el que el Estado fuera asumiendo progresivamente más días de indemnización, y en el que los nuevos contratados entraran ya con este sistema, sería muy positivo para acercarnos a esas tasas de paro del 5% que ahora nos parecen imposibles. Y lo que no consigo entender es la cerrazón de Gobierno y sindicatos para estudiar los modelos que mejor están funcionando. Esta política de avestruz, o cortoplacista, del actual Gobierno es, sin duda, responsable directa de la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo que costará recuperar muchos años.
¿Pueden israelíes y palestinos alcanzar (ellos sólos) la paz?

Pues...me temo que no. Y el problema no es que no haya una mayoría entre las poblaciones de ambos pueblos que deseen esa paz. El problema es que, para alcanzar la paz, se necesitan interlocutores capaces de llegar a acuerdos y de imponerlos a sus propios sectores radicales. Y esto no existe en Palestina.
Esa figura existió en su momento en la persona de Yasser Arafat, pero le faltó coraje para firmar la paz con el gobierno laborista de Israel. El resto ya lo conocemos. Sin la baza de la paz, los sectores más radicales de Israel volvieron al gobierno y la esperanza de paz se desvaneció por diez años más. Mientras tanto en el sector palestino, Arafat murió y su partido -Al Fatah- perdió fuerza en medio de descomunales escándalos de corrupción que dieron alas a sus rivales de Hamás. El enfrentamiento tomó cariz de guerra civil y se ha resuelto -de momento- con el reparto del territorio palestino entre las dos facciones rivales.
Es este enfrentamiento el que explica que mientras Israel se dedica a machacar a Hamás en la franja de Gaza, no haya reacciones en Cisjordania, no haya una tercera intifada y Al Fatah siga negociando la paz con Israel, mientras en secreto confía en que los tanques israelíes acaben con su enemigo y les permitan recobrar la supremacía en Palestina. Pero ni siquiera el improbable supuesto de la desaparición de Hamás permitiría la llegada de la paz a la zona. Sigue faltando una figura capaz de imponer la paz en Palestina y sujetar a los terroristas y radicales.
En esta situación creo que la única posibilidad para la paz es que los países árabes moderados creen un Protectorado en Palestina ocupándolo militarmente, desarmando a las milicias y forzando el cumplimiento de esa paz. Decía Mao que la guerrilla que no lucha desaparece... y eso es lo que hay que lograr. Aunque sea mediante la ocupación militar hay que lograr que en Palestina haya un Estado de Derecho, que las empresas puedan crearse y prosperar, que los jóvenes tengan un horizonte distinto al de unirse a unas milicias o inmolarse con un coche bomba. Sólo una paz -aunque sea forzada y protegida- de al menos diez años, puede crear las condiciones para una paz duradera en la zona.





